marzo 25, 2026
Había un joven que quería aprender a meditar. Decide ingresar en un monasterio por un tiempo para que su aprendizaje sea más efectivo.
El primer día, después de escuchar por parte de los monjes varios consejos, se dirige a la sala donde el maestro dirige la meditación. Intenta seguir las indicaciones que va diciendo el lama, pero le es muy difícil concentrarse y enseguida le asaltan todo tipo de pensamientos.
No se desanima por ser el primer día y piensa que ya lo irá aprendiendo. Van pasando los días, pero el joven no consigue controlar su mente; al contrario, cada vez se impacienta más.
A punto está de abandonar. Triste y agobiado, decide hablar con el maestro y exponerle qué le pasa:
— Maestro, soy incapaz de concentrarme. Empiezo bien, pero al cabo de unos segundos me invaden los pensamientos, no puedo dejar de seguirlos y me acabo agobiando. Estoy por dejarlo.
El maestro le sonríe y le dice:
— Mira, allá en el Tíbet, de donde yo soy, hay muchas montañas y entre esas montañas hay bastantes desfiladeros. Pues bien, por esos desfiladeros pasan muchas caravanas cargadas de mercancías para practicar el comercio entre los distintos pueblos de la zona. Pero esas caravanas tienen un gran peligro: suelen ser asaltadas con cierta frecuencia por bandas de contrabandistas.
Un día el guía que dirigía una de esas caravanas iba vigilando por si veía a los contrabandistas. De pronto ve a lo lejos una pequeña nube de polvo y piensa: “Ya están aquí… ¿Qué hago? Si damos media vuelta y volvemos, ellos son más rápidos y pronto nos alcanzarían. Si nos parapetamos, ellos son más hábiles con las armas y además de perder la mercancía nos podrían hacer daño…”
Estaba el guía en sus reflexiones cuando aparecen los contrabandistas, rodean la caravana y su jefe se planta delante del guía y le dice:
— Os vamos a robar.
— Ya lo sé —le contesta el guía sin inmutarse—, pero creo que te equivocas.
El jefe de los contrabandistas suelta una carcajada y le responde:
— ¿Que me equivoco? ¡Si me lo voy a llevar todo!
— Sí, lo sé —le dice el guía—, pero tú no sabes vender. Te propongo otra cosa: si en lugar de asaltarnos, nos escoltáis hasta el próximo pueblo, nosotros os pagaremos por ese servicio. Con vosotros a nuestro lado ningún otro contrabandista se atreverá a asaltarnos. Cuando vendamos nuestros productos, y ten en cuenta que nosotros sí sabemos vender, te daremos una comisión para que también nos escoltéis a la vuelta, y no solo quedaría aquí el tema, sino que al llegar al pueblo diremos a las otras caravanas que vosotros las escoltaréis y os pagarán también por ese servicio. Por eso te digo que te estás equivocando.
Entonces el maestro se dirige al joven y le pregunta:
— ¿Quién crees tú que son los “contrabandistas”?
El joven se lo piensa unos instantes y responde:
— Ahora lo entiendo, son mis propios pensamientos. Si hago un pacto con ellos, ellos mismos me avisarán cuando vienen y podré prepararme.
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