marzo 25, 2026

Carta de la humildad a la envidia

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Publicado

marzo 25, 2026

Querida envidia:

Te siento muy cerca. Te veo en ese regalo envenenado, en esas palabras “bienintencionadas”, en descuidos premeditados, en las habladurías, en las miradas oscuras y en las críticas no constructivas.

He ido a buscarte a tu casa para hablar contigo y me he encontrado un lugar oscuro y terrorífico. Las personas que había a tu alrededor me juraban y perjuraban que nunca te habían visto, pero yo sé que eso no es verdad, que solo estaban escondiéndote y que desconfiaban de mí porque piensan que voy a dejarles desprotegidos.

Estoy escribiéndote esta carta para pedirte que dejes de arruinar relaciones, personas y emociones. No sé si te das cuenta de que eres peligrosa, de que solo causas sufrimiento y malos entendidos. Tienes que dejar salir a la autoestima y al amor propio para que yo pueda ayudarles, dejar de comparar a las personas para que alguien salga dañado.

Toda comparación es odiosa, y más si se hace con mal criterio. No expongas a la gente al reflejo de sus frustraciones en un espejo a modo de lupa. No te voy a permitir que lo hagas porque estás destruyendo a la gente que se acerca a ti. Condenas el talento y el éxito ajenos sin importarte nada más que tú misma.

Mira, voy a contarte una historia que quizás te haga reflexionar:

Un joven discípulo de un filósofo llega a su casa y le dice:
— Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia…

— ¡Espera! —lo interrumpe el maestro—. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

— ¿Las tres rejas? —preguntó su discípulo.

— Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

— No. Lo oí comentar a unos vecinos.

— Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

— No, en realidad, no. Al contrario.

— La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

— Pues la verdad, no.

— Entonces —dijo el maestro sonriendo—, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Si fueses consciente del mal que puedes llegar a ocasionar, te lo pensarías dos veces antes de imponerte ante alguien. Por eso, te pido que antes de actuar te pases los filtros de la verdad, la bondad y la necesidad.

Por tu culpa se ponen zancadillas, se hunde a gente con falsos testimonios y se arremete contra el inocente. El mundo es menos mundo. Deja de difamarme y de decirle a la gente que no se acerquen a mí.

Las personas humildes no son vulnerables, yo las protejo de las mofas y del desprecio y, sobre todo, cierran los ojos y pueden dormir tranquilas por las noches. Tú no puedes descansar porque tus malos sentimientos corrompen tus sueños, no puedes dejar de pensar en lo que otros tienen o son y cómo puedes arrebatárselo.

Vives en un continuo enfado y con el resentimiento por bandera. Siento compasión por ti, porque la decencia es algo que nunca podrás alcanzar, porque a mí no me puedes robar absolutamente nada y porque la felicidad está de mi lado.

Tarde o temprano todos se darán cuenta, así que recapacita y márchate por la puerta de atrás.

Atentamente,
La humildad.


No te presiones por encontrar el camino perfecto.
 Muévete, equivócate, regresa.
 Eso también es vivir.